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viernes, 15 de diciembre de 2017

NAVIDAD

Navidad es un tiempo que nos hace sentirnos buenos, buenas personas. Si somos mayores recordamos nuestros sencillos juguetes de madera comparados a los innumerables y sofisticados de hoy. Tal vez podamos recuperar algo de nuestra inocencia y esa confianza de recibir al Maestro -primer nombre otorgado por la gente a Jesús que lo escuchaba impresionada- para hacernos hermanos a todos y hermanos felices. Porque prefiero más los caminos que las metas es que confieso me gustaba siendo niño el tiempo de adviento, ese antes de la Navidad, con sus ritos de espera y de esperanza que hacía sentir a mi corazón con la armonía de ser un humilde pastor y un poco rey mago. 

Hoy, en estas calles de asfalto, de semáforos que permiten el paso o lo detienen, y que por cables de cobre pase ordenadamente la energía, y que el agua corra por ductos a nuestros hogares, y que por el aire circulen las ondas que nos permiten escribir o hablar y leer, es decir, comunicarnos, todo parece perfecto. Sí, parece perfecto. Porque especialmente los que hemos aceptado el mensaje de Jesús de Nazaret -cristianos, musulmanes y judíos- estamos llevando la carga de nuestros dogmas que ahora nos separan y nos hacen odiarnos o temernos.



Hemos abandonado muchas veces los procesos del corazón y apenas orientamos nuestra vida a la colaboración con los demás. Es cierto que hemos perdido muchas batallas eligiendo autoridades poco sensatas e incluso corruptas, pero es hora de honrar nuestra calidad humana, fraternal, honesta, sencilla, solidaria, lo que debe ser reflexionado.

La Navidad se acerca. No le demos el gusto a aquellos que nos esperan para que adquiramos juguetes y miles de cosas que después sobran y molestan los espacios de nuestra casa. Muchos creen que la Navidad es mágica, porque es blanca donde cae nieve y calurosa como la del sur. Como sea, hay un mensaje de Jesús que tiene que ser escuchado: Que este gran hogar, que es la tierra, sea recibido como el obsequio para que lo administremos con justicia y paz. Y diría con valentía, afectos, comprensión, alegría. Si hay una orden que cumplir es que seamos salvadores de una sociedad que espera un milagro, el milagro de nuestro esfuerzo eficiente para hacerla el lugar donde crecemos y somos felices.

Vicente Corrotea